Plantaron flores en el jardin casi muerto de Adrián. Muchas macetas de color rosa y lila importadas de Extremadura. Faltaban los cuarenta tulipanes amarillos por colocar, eso sí, al gusto de cada uno cuando el cielo se puso gris. Estaba a punto de llover. Intentaron hacerle una sorpresa pensando que iba a funcionar. Hasta compraron cuatro bolsas gigantes de abono para reforzar la tierra. Tenía que ser una sorpresa y por eso no le dijeron nada sobre este proyecto de reforma como de su misma puesta en marcha ese primer día de invierno.
A Adrián no le hacía falta ninguna sorpresa. No necesitaba flores en el jardín. Si el jardín estaba aún así desde su mudanza quizás era porque ellos eran impacientes o bien porque quizás, a él, le gustaba tener el jardín así. Este jardín seco le servía para odiarse.
Sin actuar pero como reacción frente a los actos de ellos, dió primero las gracias y luego gritó. No tenían el derecho a mentirle ya que plantar flores en su jardin era la pura demostración de una mentira.
Adrián mencionó que él, según ellos, intentaba vivir a su manera, descubriendo cada día lo que le gustaba o no, lo que era capaz de hacer o no, lo que quería o no. Entonces las flores en el jardin era una mentira.
No tenían ese derecho. Lo provocaron actuando de esta manera, sin respeto por sus propias enseñanzas. Gritó, gritó y sus gritos taparon los propios gritos de los padres agonizando, bajo su pala, entre los bulbos de tulipanes amarillos.
A Adrián no le hacía falta ninguna sorpresa. No necesitaba flores en el jardín. Si el jardín estaba aún así desde su mudanza quizás era porque ellos eran impacientes o bien porque quizás, a él, le gustaba tener el jardín así. Este jardín seco le servía para odiarse.
Sin actuar pero como reacción frente a los actos de ellos, dió primero las gracias y luego gritó. No tenían el derecho a mentirle ya que plantar flores en su jardin era la pura demostración de una mentira.
Adrián mencionó que él, según ellos, intentaba vivir a su manera, descubriendo cada día lo que le gustaba o no, lo que era capaz de hacer o no, lo que quería o no. Entonces las flores en el jardin era una mentira.
No tenían ese derecho. Lo provocaron actuando de esta manera, sin respeto por sus propias enseñanzas. Gritó, gritó y sus gritos taparon los propios gritos de los padres agonizando, bajo su pala, entre los bulbos de tulipanes amarillos.
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