Hopper, Soleil du Matin, 1952.
No consigo reirme. Ni siquiera al trabajo. Estoy pensando las 24 horas del puto día, que suponen las 6 o 7 horas de la puta noche. Me despierto, voy a la cocina, hago como antes, como un trozo de chocolate con leche, pero esta puta noche, me levanté y ví un bichito en mi caja de chocolate. UN puto bicho en mi caja de chocolate. No hay más remedio, estoy llegando al final del aguante. No aguanto más. Estoy rabiosa. Y tengo que dejar salir mi rabia, como sea. Ni siquiera he matado al bicho, lo he apartado del puto chocolate. Y me comí una onza, y me da lo mismo. A ver si yo también me transformo - la metamorfosis.
Pienso y veo cosas que los demás no ven, la mirada se me hace oscura, el corazón piedra y el pelo cae, sin parar. Duermo rodeada pero siempre sola. Descanso de los seres humanos y a la vez me habitan mil personas. Todas estas personas que yo podría ser mañana. ¿Cuál de ella soy yo?
Seré yo como ese bicho que se refugió esta puta noche en mi caja de chocolate. A ver quién me aparta de nuevo, quién me dará esta futura bofetada para poder comer. ¿En qué campo de batalla me refugiaré de nuevo, en la oscuridad de la noche?
Estoy luchando pero no se puede hacer nada contra los gigantes molinos. Sólo desviar el camino, que no es poco. Y dejarse habitar por esta luz de la mañana.
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